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Como cambia la vida, un día estas en la cumbre, bebiendo los mejores vinos y viendo a tus enemigos caer, y al siguiente estas con la cara hundida en el fango, acompañada de una pesada bota militar. -No te atrevas a mirarme a los ojos, maldito elfo negro- situación, tragando tanta mierda que ya te da todo igual, es cuando empiezas a recordar los pasos que te llevaron a dicha situación, repasando los errores y traiciones del pasado….

Nací y crecí en la decimosegunda casa noble de la ciudad de Ken´nebris, que es lo mismo que decir que nací y crecí en una familia de campesinos en frente del castillo feudal, ya que solo las primeras ocho casas están en el consejo regente de la ciudad, ¿el resto?, se traicionan, matan y apuñalan para llegar a él.

Para mi mala fortuna nací varón en una sociedad matriarcal, dicho así parece que estoy exagerando, bueno, súmale un fanatismo ciego a una deidad caprichosa y cruel y te encontraras que tu pene es tu peor enemigo, una maldición, y mis hermanas y madre no dejaron de recordármelo ni un solo día.

Vivir o morir dependía de tus habilidades, y ver tu gorja en peligro constante, las torturas de los ejercicios mal realizados, el miedo a la desobediencia, provoca una tensión continua que se traduce en un reflejos felinos, tal fue así que, al regresar al “hogar” tras dos décadas de formación como explorador, no me sorprendí cuando mi cuerpo decidió libremente rodar por el suelo esquivando un dardo envenenado que se dirigía a mi cuello.

-Ten han instruido bien en la academia, bien, sígueme, la Matrona Maezga ha llamado a todos los hijos.- La dueña del dardo, Maegi, la primera hija y heredera del trono cuando Maezgan muriese, me recibió como solo una Drow podría hacer, con pruebas.

El salón de reunión de la familia Maez´Dezkin, decorado con símbolos de nuestro amado dios, estaba como lo recordaba, aunque solo lo vi una vez al mandarme a la academia de la ciudad, en él solo entraban la matrona y sus hijas, y, para ocasiones especiales, el resto de hijos. La matrona Maezgan se hallaba en el centro de la mesa familiar, rodeada de sus dos hijas predilectas, y el resto de varones, cuatro conmigo, sonriendo, ¿sonriendo?, en mi vida le había visto inclinar el labio en esa dirección, daba incluso mas miedo que su rostro normal e impasible de fría hostilidad e indiferencia en mis demandas.

-Mis queridos hijos- ¿queridos hijos? Empezábamos bien…. -'Os he hecho llamar por una noticia de gran interés y alegría para nuestra casa, el consejo regente solicita nuestros servicios para una misión- Hizo una pausa, analizando nuestros rostro, no me moví ni un milímetro ni desvíe la mirada sabedor de las consecuencias de hacerlo. Cuando parecía contenta con el escrutinio prosiguió. -Se está planeando una invasión a la ciudad renegada de Tor Arach, una venganza contra ella por renegar de nuestro amado y venerado Dios, y nosotros la encabezaremos. Sabéis de sobra el honor que ello conlleva, así como lo que os pasara a cada uno de vosotros si falláis.- Esta parte fue la más esperada, centrando su vista, especialmente, sobre mis hermanos y sobre mí. En ese momento no me di cuenta de lo que pasaba, solo veía, como me habían enseñado, en la grandeza de la misión, en el honor para nuestra casa y en la alegría de servir a nuestro dios, pero con el tiempo, no mucho después, lo entendí.

Dos semanas después estábamos listos para la misión, Maegi encabezaría la marcha junto a Karkin, mi hermano mayor y yo, seguidos de veinte de nuestros mejores soldados. La retaguardia seria dirigida por mi hermana Aezga y mis hermanos, El´yiz y Tezkin, junto a otros veinte soldados. La marcha fue segura, por rutas que había realizado yo mismo en la academia, por eso estaba en el grupo de la vanguardia. A la semana ya estábamos en la superficie, en las tierras bañadas por la luz del pútrido sol, a unos ocho kilómetros del objetivo.

Tor Arach, la ciudad renegada. Nunca había pisado sus calles ni puesto mis ojos a una distancia tan corta, pero no era la primera vez que la veía, sabia por donde pasaban sus patrullas y por donde dirigir al grupo para no ser vistos. Esa fue la parte fácil, lo difícil era la misión. Ese mismo día Maegi nos contó el plan, al parecer, Ken’nebris ha logrado obtener un producto alquímico que pudre el metal por dentro dejando su superficie igual que antes de la aplicación, de esta manera, los goznes y las barras de hierro de las puertas caerían en unos cuantos embistes de un ariete. Al menos, esa era la teoría.

Aezga y su comando se encargarían de anillo interno y del fortín, nosotros de externo, reuniéndonos fuera de la ciudad en tres horas, mucho tiempo en donde podrían ocurrir demasiadas cosas.

Entrar fue la parte fácil gracias al potencial mágico de las comandantes, lo difícil venia ahora. Avanzamos en completo silencio hacia la puerta sur, protegida por un grupo de ocho soldados que se calentaban por turnos en un brasero. Caímos sobre ellos como sombras, murieron en segundos y comenzamos a aplicar el ungüento. Mientas los soldados se entretenían con la puerta, yo observaba las inmediaciones de los edificios cercanos, buscando cualquier atisbo de vida despierta. Tarde demasiado en dar la voz de alarma al ver una sombra, una sombra que llevaba quieta desde que entramos, una sombra que nadie percibió y de la que salió disparada un virote que se clavó en el cráneo de Maegi. El silbido de muerte vino acompañado de un sentimiento que nunca había arraigado en mí, ¿alegría de ver su muerte, rabia, miedo…? sea como fuere, no me quede para averiguarlo.

-Emboscada, posiciones de combate. - Ordenaba mi hermano, ahora al mando, los soldados, obedientes a su dueño, ocuparon posiciones defensivas y preparaban los globos de oscuridad para protegerse de los proyectiles que empezaban a llegar, seguidos de soldados que avanzaban en perfecta formación hacia nosotros. Me entrenaron para ser el mejor, para siempre buscar ventaja, y estaba claro que no la teníamos, no pensaba perder la vida por una traición, por lo que rompí mi posición y corrí hacia las dependencias de la guardia.

Avanzaba escuchando el ruido a mis espaldas de la muerte de los míos, de mi propio hermano y por el rabillo del ojo, veía a la sombra cambiar de posición, notaba sus ojos clavados en mí, y esta vez supe a la perfección el sentimiento que inundo mi cuerpo. Miedo. Un salto y me hallaba en el tejado de la caseta de los guaridas, -otro mas y en la muralla-, pensaba para mis adentros cuando un virote alcanzo mi brazo derecho. No fue necesario darme la vuelta para localizar al tirador, era la sombra que seguía a su presa. El brazo comenzaba a dormirse por un ligero escozor, que conocía de sobra, el cual  brotaba de la herida. Veneno.

Pero no iba a regalarle mi vida, no tan fácilmente, sacando fuerzas de la adrenalina y del miedo a la muerte, conseguí ascender a la muralla, pero el logro vino con un premio, otro virote que fue a parar a mi pierna izquierda, seguido del mismo escozor y la perdida de funcionalidad. Tumbado en el suelo, escuchando de fondo como los últimos soldados morían, me arrastre al primer hueco de la almena, enganche la cuerda y me deje caer, o eso era lo que pretendía. Una bota apoyada en mi capa paro mi iniciativa, -Te he avisado dos veces, chico, no habrá una tercera. -Fue lo último que escuché cuando la sombra hundió la empuñadura de su ballesta en mi sien.

La oscuridad, y un enorme dolor de cabeza, era todo mi mundo cuando logré abrir los ojos. Segundo a segundo empezaba a ver mejor, aunque hubiese preferido no volver a despertarme. Me hallaba en una sala cuadrada y pequeña, casi a oscuras y con una vela en la única mesa del recinto, delante de mí, un hombre encapuchado.

-Buenos días señor Dezckain, de la casa Maez’dezkin.- Puede que fuese debido al golpe en la cabeza, pero fue a partir de ahí, que supiese mi nombre, que comenzase a pensar por primera vez en mi vida, a atar cabos. -Supongo que te preguntaras que ha pasado y porque sigues vivo, ¿me equivoco?- No respondí, decisión errónea pues un tremendo guantazo, que surgió de mi izquierda, me sentencio el dolor de cabeza con varias horas más de condena. -Responde chico- Evidentemente era la sombra, aunque ahora si pude verla, era un hombre alto y encapuchado, no una sombra a pesar de su parecido.

-Una traición, y supongo que me espera una tediosa y larga tortura, es lo que mejor hacéis los traidores a Moz’Mathir- La leve carcajada de mi interlocutor fue sincera y esperada, es como si estuviese cumpliendo todas sus expectativas, lo cual me enfurecía más.

-Todo un Drow, pedante e ignorante….bueno, ciertamente no es tu culpa, te han enseñado lo que han querido enseñarte, pero tranquilo, aprenderás.- Ese “aprenderás”, que me estuviese hablando y que aun respirase, solo podía decir que mi gorja no iba a ser acariciada, por lo que me relaje e intente seguir usando eso nuevo que tenía….cerebro.

-¿Quién nos ha traicionado?- la curiosidad me carcomía por dentro, había visto en mi corta vida tantas traiciones que me sentía indiferente antes ellas, pero normalmente las hacíamos nosotros, no a nosotros.

-Eso ya es irrelevante, nunca vas a volver a pisar esa ciudad, tardaras décadas en salir de esta… si es que sales.

-Entonces, ¿Por qué me has perdonado la vida?

-¿No sabes nada de quien podemos ser?, ¿no sabes a quien tienes ante ti?

Necesitaba de nuevo el poder de mi nueva arma y esta, aun a pesar del dolor, comenzó a disparar -Por cómo trabaja vuestro agente, solo podéis ser El Velo Sombrío,  de la casa Maz´kin.- Volvió a sonreír, pero esta vez me alegre.

-¿Y no ves nada raro en el nombre de nuestras casas?-

No le hizo falta seguir hablando cuando vio mis ojos abiertos como platos, no podía ser cierto, nunca nos habían dicho de donde surgió nuestra casa pero esta información relevaba nuestro origen.

-Fue cuando ascendimos a esta ciudad cuando nuestra matrona, Makiz, dio permiso a su primogénita para independizarse y formar su propia casa en Ken’nebris, casa que ahora dirige tu madre, o mas bien, dirigía.- exclamo esto último volviendo a sonreír. -¿Por qué te he permitido vivir?, sencillo, eres un Drow, con los cuidados y tutelaje adecuado podrías ser un excelente miembro en nuestra organización, por lo que te perdoné la vida, vida que ahora es mía hasta que te ganes el derecho de llamarla tuya. Podéis retiraros. 

Demasiada información recibida y tan importante en tan poco tiempo, la sombra me levanto y empujo hacia afuera, hacia lo que iba a ser mis aposentos, también llamados celda, donde descansaría de las largas jornadas de duro entrenamiento que me esperaban. Aquí fue donde comenzó mi segunda vida en el Velo Sombrío y donde, por primera vez, a pesar del trato que recibiré siempre en esta ciudad, me sentí libre, vivo…. feliz.

Cincuenta años habían pasado desde aquella noche, cincuenta años de duro entrenamiento que tocaba a su fin, allí sentado en el despacho del maestro Dorian’kin.

Esta reunión fue en su despacho, no en el zulo donde le conocí, me había ganado el derecho a seguir respirando, y, tras una última prueba, a ser el dueño de mi vida y pertenecer al gremio. Realmente estaba emocionado.

Deslizo una nota hacia mí. -Aquí está toda la información sobre tu objetivo, pupilo “Dezckain sin casa“, cumple con él y te ganaras el honor de volver a tener un hogar y nuestro respeto, fracasa y…..- No hacía falta acabar la frase, por lo que me levante, realice una reverencia y salí del despacho.

Una hora después ya estaba pertrechado para cumplir con la misión, salí del gremio y camine solo por la ciudad, solo, sin vigilancia, buscando la puerta norte para partir en pos de mi objetivo.

La misión no parecía muy complicada de ejecución, pero sí de moral, y entendí por qué me dieron a mí este encargo. Tenía que acabar con la vida de un recién ascendido a miembro, uno de los pocos con los que había tenido un acercamiento que podía llamarse “amistad”. Este había desobedecido una orden directa, y tras ese acto fracaso un encargo, escuche rumores en el gremio del cabreo monumental de los jefes y no me sorprendió el leer el documento y ver su nombre. De esta sencilla manera mataban dos pájaros de un tiro, moría el traidor y se aseguraban mi lealtad. No tenía ni la más mínima intención de desobedecer, era mi prueba y pensaba pasarla.

Dos semanas después halle al desdichado y comencé a trabajar. Le seguía a donde quiera que fuese aprendiendo sus hábitos y costumbres, viendo sus rutinas y observando donde podía darle el toque de gracia. Tenía que reconocer la astucia del objetivo, pues este había pasado a ser un agente de los Imperialis Custodes Veritate, la extraña religión sin dioses humana en Dol Baradrey, y de esta manera tenia las espaldas bastante cubiertas.

A la semana de estar allí, con sus hábitos aprendidos, decidí que era su hora. Entre con el amparo de la noche al  palacio de justicia través de los jardines, sabía que a esa hora salía de ciertas reuniones con sus superiores. Tenía que haberle encajado un virote en la nuca, pero era mi primera misión y quería hacerlo cuerpo a cuerpo, sentir su sangre en mi acero y ver su cara encajar la muerte. Pisé una maldita baldosa suelta, soltando ésta un leve quejido que fue escuchado por el renegado, éste, al verme, sabedor del motivo por el que estaba allí, daga en mano, comenzó a chillar como un cochino en una matanza y pronto avanzaban guardias del palacio. El objetivo corría como alma que lleva el diablo y yo le perseguí tanto como me permitió mi mocedad, pero la guardia de la ciudad estaba bien preparada e iba siguiendo los gritos de terror del elfo oscuro. Pronto me vi atrapado entre un muro de escudos mientras observaba como mi objetivo no paraba de correr, el desgraciado había comprendido que el gremio no le dejaría seguir viviendo y que tarde o temprano le encontrarían, por lo que supuse que volvería a huir, de ser así, solo tenía que escapar de estos humanos y proseguir otro día con la caza

Eran demasiados, ellos lo sabían, yo lo sabía, hasta la jodida vieja que miraba desde el alfeizar de una ventana cercana lo sabía, cerraron filas y avanzaron hacia mí. Intente escapar trepando por una de las casas, pero se echaros todos encima como una manada de lobos y me redujeron.

Omitiré el interrogatorio y la “tortura” a la que me sometieron esos patéticos humanos para que soltara prenda, había fallado mi iniciación, pero no iba a traicionar a aquellos que consideraba mi familia. No me hicieron demasiado daño, ya que nunca habían visto un “elfo” como yo y querían conocer mas. Cuando se cansaron de apalearme me encerraron  hasta que saliera un convoy a cierta fortaleza que estaban construyendo en la Frontera Norte.  

Y aquí estoy, a caballo maniatado y  junto a  un comandante humano sonriente tras pisarle la cara a su extraño pero odiado elfo que había intentado escapar, rodeado de soldados y esclavos que mandan a trabajar en los muros de Northumbr .

Pronto moriré y volveré a ser libre.

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