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Desde el principio de los tiempos existieron dos planos de existencia: El de los Beoran y su poder divino y el de los Hyibaal y su poder arcano.

Ambas razas inmortales estaban separadas por el Kalag  (Zona de vacío entre ambos planos, donde habita la magia arcana y divina por igual). Por su naturaleza se odiaban y luchaban para que sus zonas de influencia fueran mayores. Durante eones enfrentaron a sus sirvientes sin que ningún bando consiguiera la victoria final, y tenían toda la eternidad para luchar entre ellas.  

Pero a Radark , el más joven de los Beoran, se le ocurrió la forma de vencerles por fin, utilizando a los propios Hyibaal en su contra y enfrentándolos entre ellos. Aprovechó la naturaleza ordenada de los Beoran para luchar juntos, y exploto el lado Caótico de los Hyibaal.

Así convenció a Boet’jiath (Señor de las conspiraciones) de que Esia (Señora de la vida) y otros Hyibaal mas neutrales estaban pensando en abandonar la Eterna Batalla, y a partir de ahí fue enfrentándolos a todos , debilitándolos y  avanzando así  hasta conseguir llegar a las puertas del plano Hyibaal. Estos se encontraron de repente acorralados, y aunque la guerra aun podía seguir muchos eones más,  lo tenían muy difícil para remontar. No podían morir, pero sí podrían encerrarles para siempre y dejarles sin reino ni poder.  Pero los Beoran estaban cansados, y vieron la oportunidad de crear el proyecto que siempre habían querido hacer y nunca habían podido por la Eterna Batalla. Así que se reunieron todos en un concilio como no se había visto nunca y discutieron las condiciones.

El resultado  fue la creación en el  Kalag del  mundo de Salazar, donde los Beoran  tendrían pleno derecho de crear criaturas mortales  y guiarlas, por sus sendas.  Los Hyibaal tendrían que ayudar con su magia a la creación, y  soportar en adelante el peso del mundo, mantener su integridad y sobretodo no podrían influir de ningún modo en el. Y este mundo dividiría ambos planos para que Beoran s y Hyibaal s no tuvieran que enfrentarse nunca más.  A pesar de todo,  los Beoran s no tendrían pleno poder en Salazar, sino que solo podrían influir vagamente guiando a sus pueblos pero sin ayuda directa, dado que su poder se debilitaba al pasar por el Kalag.

Así fue creándose la vida en Salazar. Pero los Hyibaal no pudieron mantenerse al margen  mucho tiempo y pronto empezaron a intentar extender sus tentáculos por el mundo mortal,  con grandes dificultades dado que Salazar tenía fuertes protecciones divinas para que los caóticos señores no tuvieran acceso a él.

  Los Beoran no se preocuparon mucho por esto, ya que ellos siempre tendrían mayor acceso y poder en el mundo, y podían erradicar fácilmente cualquier proliferación de cultos Hyibaal ,  pero Radark lo tomo como un insulto a su persona, dado que era la divinidad del gobierno legítimo y los Hyibaal estaban traicionando el trato. Además, a él nunca le gusto el pacto, creía que tendrían que haber seguido adelante, dejando este proyecto para más adelante, y haber terminado con ellos por fin.  Desató sus fuerzas sobre Salazar, queriendo atravesarlo y acabar la guerra que una vez se empezó. Pero tanto poder  desestabilizó el mundo, causo mucha muerte y destrucción, y  los Beoran, aunque ayudaron en un principio, pronto vieron el mal que estaban haciendo al mundo,  y la posibilidad de que este pudiera destruirse los enloqueció. Les interesaba más seguir cuidando de su mundo, de las nuevas razas y las almas de estos. No querían seguir una guerra ya olvidada solo por el orgullo herido del más joven de ellos.

Se unieron todos contra Radark, y juntando todo su poder le expulsaron del plano Beoran, con la condición de que solo volvería si expiaba sus pecados, viviendo con los mortales a los que había puesto en peligro y ayudándolos, a ellos y a los Beoran.  El culto a Radark quedo prácticamente extinto ya que ahora no había respuesta a las plegarias. Los altares a su nombre fueron abandonándose y los humanos del mundo involucionaron con el tiempo. Pero a pesar de arrebatarle la divinidad, no pudieron  arrebatarle la inmortalidad. Sigue siendo un Beoran, aunque en el plano mortal.

Tras su caída  ha fundado un imperio en la isla que se formó con su energía desatada, El caído la llamo para no olvidar nunca de donde venia.  Se hace llamar Artim Cecidit Renascitur , heraldo de Radark, le sirven los humanos , su raza primigenia. Y con el orgullo herido, está levantando un imperio, con el fin de avasallar al resto de razas de los demás dioses, ponerlos a sus pies y desde el propio mundo mortal avanzar al plano Hyibaal y derrotarlos por fin.

Los Beoran, demasiados pendientes de lo que pasa dentro del continente de Salazar, se han olvidado de él , no le conceden importancia a ese humano venido a mas de su islita, y se centran en seguir el devenir de las cosas , evitar las incursiones Hyibaal, y no se dan cuenta del peligro. Mientras tanto, los Hyibaal siguen consiguiendo sirvientes en Salazar que les veneran, arrojando sus caóticos objetos para sembrar la anarquía y aprovechando la reducción de poder de los Beoran en la llamada Nueva Sargoth. consiguiendo así algo de poder.

Pero el resto de clérigos siguen enseñando que los Hyibaal son demonios, seres malignos, así se lo han enseñado sus dioses Beoran, y cualquier cosa relacionada con el culto a los Hyibaal es erradicada sin dilación. Mientras tanto en lo que ahora se llama Nueva Sargoth los humanos colonizadores siguen exterminando  y ocupando los lugares que pertenecieron a otras razas durante miles de años.  Solo Anvigard y quizás Moraeus saben que pasara de aquí en adelante.

Universo en perspectiva

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